
¿Qué hace eficaz a un ejecutivo?
un ejecutivo eficaz no necesita ser un líder en el
sentido que actualmente se le da a este término.
Harry Truman, por ejemplo, no tenía ni una pizca
de carisma, pero fue uno de los jefes de Estado más eficaces
de la historia de Estados Unidos. Durante mis 65 años
de carrera como consultor, algunos de los mejores CEO
corporativos y de entidades sin fines de lucro con los que
he trabajado no eran líderes estereotípicos. Eran muy diversos
en términos de personalidad, actitudes, valores,
fortalezas y debilidades. Variaban de extrovertidos a solitarios,
de relajados a controladores, de generosos a parsimoniosos.
Lo que los volvía eficaces a todos es que seguían las
mismas ocho prácticas:
• Preguntaban ¿Qué hay que hacer?.
• Preguntaban ¿Qué le conviene a la empresa?
• Desarrollaban planes de acción.
• Asumían la responsabilidad de sus decisiones.
• Asumían la responsabilidad de comunicar.
• Se centraban en oportunidades en vez de problemas.
• Conducían reuniones productivas.
• Pensaban y decían “nosotros” en vez de “yo”.
Las dos primeras prácticas les permitían obtener el conocimiento
que necesitaban. Las cuatro siguientes les ayudaban
a convertir ese conocimiento en acción eficaz. Las
dos últimas aseguraban que toda la organización se sintiera
responsable.
Obtenga el conocimiento que
necesita
La primera práctica es preguntar qué hay que hacer. Nótese
que la pregunta no es “¿Qué quiero hacer?”. Preguntar
qué hay que hacer y tomarse el asunto en serio es
fundamental para el éxito gerencial. Si no se hace esta
pregunta, hasta el más capaz de los ejecutivos se vuelve
inútil.
Cuando Truman asumió la presidencia en 1945, sabía
exactamente lo que quería hacer: completar las reformas
sociales y económicas del New Deal de Roosevelt, las que
habían sido postergadas por la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, nada más hacerse la pregunta sobre qué
había que hacer, Truman comprendió que las relaciones
internacionales tenían prioridad absoluta. Organizó su
jornada de trabajo de modo que comenzara con informes
sobre política internacional que le daban los secretarios
de estado y de defensa. Así, se convirtió en el presidente
más competente en asuntos internacionales que haya tenido
Estados Unidos. Contuvo el comunismo tanto en Europa
como en Asia y, con el Plan Marshall, dio origen a 50
años de crecimiento económico mundial.
De modo similar, cuando Jack Welch asumió como director
ejecutivo de General Electric comprendió que la
expansión intercontinental que pretendía lanzar no era
lo que había que hacer. Debía deshacerse de las empresas
de GE que, independientemente de su rentabilidad, no
podían ser la primera o la segunda en sus sectores.
La respuesta a la pregunta “¿Qué hay que hacer?” casi
siempre incluye más de una tarea urgente. Pero los ejecutivos
eficaces no se fragmentan. Si es posible, se concentran
en una sola tarea. Si son de esas personas que
trabajan mejor con un cambio de ritmo en su jornada
laboral –una importante minoría–, emprenden dos tareas.
Pero nunca he conocido a un ejecutivo que aborde más
de dos tareas a la vez y siga siendo efectivo. Por lo tanto,
después de preguntarse qué hay que hacer, el ejecutivo
eficaz establece prioridades y se apega a éstas. Para un
CEO, la tarea prioritaria puede ser redefinir la misión de la
empresa. Para un director de unidad puede ser redefinir la
relación de su división con la casa matriz. Las otras tareas,
independientemente de su importancia y atractivo, son
postergadas. Pero después de completar esa primera tarea
prioritaria, el ejecutivo vuelve a definir las prioridades en
vez de pasar a la número dos de la lista original.
Piense y diga “nosotros”
La última práctica es ésta: No piense ni diga “yo”; piense y
diga “nosotros”. Los ejecutivos eficaces saben que tienen
la responsabilidad final, y que ésta no puede ni compartirse
ni delegarse. Pero sólo tienen autoridad porque cuentan
con la confianza de la organización. Esto significa que
piensan en las necesidades y oportunidades de la organización
antes de pensar en sus propias necesidades y oportunidades.
Esto tal vez suene simple, pero no lo es y debe
ser seguido estrictamente.
Acabamos de revisar ocho prácticas de los ejecutivos
eficaces. Voy a agregar una última, una práctica adicional.
Es tan importante que la elevaré a la categoría de regla:
Escuche primero, hable al último.
Entre los ejecutivos eficaces existen grandes diferencias
de personalidad, fortalezas, debilidades, valores y convicciones.
Lo que tienen en común es que logran hacer lo
correcto. Algunos nacieron eficaces. Pero hay demasiada
demanda para poder satisfacerla con un talento extraordinario.
La eficacia es una disciplina. Y como toda disciplina,
puede aprenderse y debe ganarse.
Actúe
Al traducir sus planes en acción, los ejecutivos deben prestar
especial atención a la toma de decisiones, la comunicación,
las oportunidades (en vez de los problemas) y las
reuniones. Consideraré estos aspectos uno a uno.
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